PANTALLAZOS (CRÍTICAS DE BRAGATO Y PIERRE)

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jueves, 14 de enero de 2016

TARANTINO, JENNIFER LAWRENCE, ROBERT DE NIRO, EN LAS PANTALLAS DEL JUEVES 14 ENERO



JUEVES 14 DE ENERO DEL 2016.-
Hay siete estrenos en este segundo jueves del 2016. Entre ellos, “Guerra de papás”, de Sean Anders, comedia con Will Ferrell y Mark Wahlberg acerca de la pelea entre dos papás: el biológico y el padrastro. Una “guerra” conocida para distraerse. También se estrena, luego de esperar varios meses, “Llamas de nitrato”, documental de Mirko Stopar, sobre la vida de Renée Falconetti, actriz francesa que deslumbró a Carl Dreyer quien la contrató para el film mudo “La pasión de Juana de Arco”, una verdadera maravilla del cine pre-sonoro con primerísimos planos de Falconetti que invitamos a ver. Se encuentra completa en Youtube. Falconetti fue eclipsada por este rol, desapareció de la actividad artística y todo indica que viajó a Buenos Aires donde habría fallecido en 1946.
LOS 8 MÁS ODIADOS
Octavo film de Quentin Tarantino. Con Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Demián Bichir, Michael Madsen, Tim Roth, Bruce Dern, entre otros. Música de Ennio Morricone (Globo de Oro a la mejor Banda Sonora 2016). Duración: 167 minutos.
MUY BUENA. TARANTINO SE RINDE ANTE SÍ
Para Quentin Tarantino, éste es su penúltimo film. Reunió a sus actores fetiches como Samuel L. Jackson y Kurt Russell,Tim Roth y Michael Madsen, e hizo un remixado de sus premisas: el western sangriento, el machismo acendrado y la misoginia extrema. Hiperviolento, apoya su argumento en un grupo de hombres como ya hizo en “Bastardos sin gloria” y la muy cercana “Django sin cadenas”, especialmente esta última, con menos poesía y mucho más diálogos. Dividida en capítulos, encara una narración diferente desandando todos sus fantasmas a través de diálogos extensos que van generando tensión. Ésta es una de sus maestrías. En los tres primeros, la diligencia a lo John Huston recoge a un negro perdido en medio de la nieve, el Mayor Marquis Warren (Samuel l. Jackson). Tras no pocas vacilaciones, “John Ruth” (Kurt Russell), un cazador de recompensas que lleva apresada a “Daisy Domergue” (la estupenda Jennifer Jason leight), le permite subir. Es un comienzo similar al de “Django…” aunque sin el “gore “ inicial de ese film.
El suspenso que genera Tarantino, con diálogos que esconden violencia, en buena parte del film tiene rasgos de Agatha Christie, y también le encontramos una profunda cercanía a “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, como ocurre en la anterior “Django sin cadenas”: todos los personajes confluirán en una casa. En “Django…” era la mansión de un esclavista, aquí es un bodegón de paso a la ciudad donde “Daisy” deberá ser colgada por sus fechorías. La eclosión de la furia sangrienta no tarda en llegar.
A nivel guión, están estos paralelismos apuntados, conjuntamente con una narración diferente: diálogos que preparan durante varios capítulos la fiesta salvaje. A nivel actuación, el elenco es brillante, destacándose la inclusión de Bruce Dern como el “General de la Confederación”, memorable actor de “Nebraska”. A nivel realización, es impecable la fotografía, la búsqueda de rostros, gestos, excesos, así como la de contrastes, desde la nieve-sangre hasta la rivalidad entre blancos y negros, la exaltación de la masculinidad hasta ridiculizarla y la misoginia exultante hasta que la debilidad supuesta del sexo femenino se transforma en salvaje brutalidad. Tarantino juega con el poderío de los sexos opuestos, y los destruye.
La banda sonora del maestro Ennio Morricone, de 87 años, es una pequeña sinfonía que acompaña con intensidades diferentes los momentos de gran cine así como los más comunes, claroscuros narrativos de cualquier film. No en vano obtuvo el reciente Globo de Oro a la mejor banda sonora 2015-2016.-
El film es para “tarantinistas”. Para los “primerizos”, sugerimos que primero vean “Django sin cadenas”. Hay muchos puntos en común y, en general, una síntesis de la imaginería tarantiniana, con la explosión del gore hasta la butaca.
Elsa Bragato – Carlos Pierre
MUSTANG (BELLEZA SALVAJE)
Guión y dirección de Deniz Gamze Ergüven. Con Günes Sensoy, Dogba Dogualu, Tugba Sunguroglu, Elit Iscan, Ilayda Akdogan. Música de Warren Ellis. Duración: 97 minutos. Coproducción Francia-Turquía-Alemania.
MUY BUENA. REPRESIÓN A LA TURCA
“Mustang” es el nombre de los caballos salvajes de los Estados Unidos y también el nombre de una flor que integra el recetario del afamado doctor inglés Bach. Es el antidepresivo por excelencia, el espíritu indomable, que no se quiebra y que anida en cinco hermanas huérfanas, criadas por la abuela. Tienen entre 12 y 16 años y, luego del año escolar, viajaron hasta un pequeño pueblo al norte de Turquía donde ensayan, juegan, de forma inocente. Esta estada en la casa de la abuela y de la tía, según va relatando en off la menor de ellas “Lale” (Günes Sensoy), compromete el destino que la sociedad turca les impone: deben casarse a temprana edad, a través de matrimonios convenidos.
El guión está estructurado como si fuese un cuento clásico. Comienza de una manera “naif” para luego ingresar en el drama, rozando lo trágico, a través de una narración equilibrada de Deniz Gamze Ergüven, quien hace su debut en el cine.
Rejas por doquier en puertas y ventanas, tests de virginidad, exposición en el pueblo de la mano de la abuela para llamar la atención de los hombres y lograr un buen “partido”, son algunas de las pruebas que las jovencitas deben soportar y sortear. La menor, “Lale”, ve cómo se arregla el casamiento de su hermana mayor, el fracaso matrimonial de otra, y el suicidio de “Ece” (Elit Iscan).
Se trata de un poderoso mensaje feminista que fue cosechando premios y nominaciones, como el Short List Foreign Oscar 2016, nominaciones a los Oscar y Goya como mejor película extranjera, entre otros. Es que hay frescura y cohesión en el relato y en las actuaciones de las cinco jóvenes actrices, calidad técnica y un guión que va de menor a mayor hasta alcanzar el climax que choca con la férrea tradición turca. Es también una denuncia de este sometimiento que se vive en Turquía de la mano de Deniz Gamze Ergüven, radicada en París, donde los aires libertarios siempre están presentes.
Carlos Pierre
JOY: EL NOMBRE DEL ÉXITO
Guión y dirección de David O. Russell. Con Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Virginia Madsen, Isabella Rossellini, Edgar Ramírez, Bradley Cooper, entre otros. Música de West Dylan Thordson. Duración: 123 minutos.
BUENA. ENREDADA BIOPIC
Joy Mangano es una empresaria nacida en New York, hoy de 59 años, divorciada y madre de tres hijos, que inventó el “Miracle Mop”, el famoso trapo de piso adherido a un palo que, con un movimiento, lo estruja evitando que las manos deban hacerlo. Es Jennifer Lawrence la encargada de protagonizar a Joy en su lucha por generar dinero para mantener a su madre y sus hijos, mientras intenta que su ex marido (el venezolano Edgar Ramírez que también es coprotagonista de “Punto de quiebre”) se vaya del sótano de la casa y consiga un trabajo.
El film dura más de dos horas y prepara durante casi 60 minutos un desenlace que se conoce: el invento de Joy. Antes, es un ida y vuelta que incluyen algunos flash-backs, y diferentes momentos del hogar: la madre de Joy que vive en la cama mirando telenovelas, la abuela que le da ánimos para seguir adelante y que, en buena parte del film, es la voz en “off”, el padre que es dejado por su segunda esposa y le pide asilo a la hija, un Robert De Niro que roza lo caricaturesco y que le pone una cuota de humor a un film que podría ser muy denso, y una Isabelle Rossellini como la nueva pareja que pondrá dinero para ayudar a Joy en la concreción de un invento. Bradley Cooper es el hombre de la televisión que colaborará para que Joy logre publicitar su producto, sin romance en el medio.
Jennifer Lawrence se agita, corre, trabaja, hace todo. Una mujer múltiple como lo fue Joy en su juventud. Y este largo trayecto narrativo hasta la generación del “Miracle Mop” funciona como un “stopper” de la emoción. La resolución de David O. Russell (el realizador de Escándalo americano) es precipitada, sin disfrute alguno para el espectador de los logros como telemarketinera de Joy Mangano. Solo vemos el comienzo de un gran futuro. Hoy en día Joy Mangano es archifamosa y fundadora de un matriarcado empresarial.
 Jennifer Lawrence tiene la primacía absoluta del film. Sin embargo, el guión fue un gran condicionante al punto que la aleja de la sensibilidad que vive el personaje y aligera la profundidad de situaciones determinantes en la vida de cualquier persona. Es una comedia dramática más.
Elsa Bragato
PUNTO DE QUIEBRE
De Ericson Core. Con Luke Bracey, Edgar Ramírez, Ray Winstone, Teresa Palmer. Música de Junkie XL. Duración: 114 minutos. Coproducción de Estados Unidos-Alemania y China.
REGULAR. DEMASIADO… PARA POCO
“Punto de quiebre” es la remake del film de 1991 que protagonizaron Keanu Reeves y Patrick Swayze. Algunos puntos hay en este film en común con la primera pero la pálida actuación del australiano Luke Bracey, sus parloteos monótonos, deslucen una producción que, por otra parte, basó en la fotografía su mayor logro: las gigantescas olas de más de 30 metros ideales para los surfistas que se dan en algunas zonas del océano Pacífico y en determinados momentos del año, son los recreos visuales que tiene el espectador ante tamaña maravilla de la naturaleza. Que no deja de meter miedo. La cámara ubicada (presuntamente) en el rulo gigantesco que arman las olas, corriéndose a medida que va quebrándose, tiene un impacto visual pocas veces alcanzado.
La idea es buscar un “punto de quiebre” del ser humano ante la Madre Natura. “Johnny Utah” (Luke Bracey) es un surfista avezado, de musculoso cuerpo que, luego de un trágico motocross (impresionante secuencia inicial sobre picos de montañas), decide sentar cabeza e ingresa al FBI. El primer reto, y definitivo para continuar en las fuerzas de investigación, es detener a una banda que lidera “Bodhi” (Edgar Ramírez), que cometen tropelías y asaltos insólitos, desde cargamentos de diamantes que reparten entre poblaciones pobres hasta cajones de dólares que despliegan sobre algunas ciudades de la India. “Bodhi” persigue los puntos de quiebre propios: cumplimentar con riesgosas tropelías para lograr fuerza espiritual hasta llegar a un escalón máximo donde el placer es la entrega de la propia vida.
El guión es poco claro sobre estos escalones de desarrollo espiritual. Se los va comprendiendo como se puede desde la butaca, mientras “Johnny” practica surf, en una persecución “sui generi” de “Bodhi”. La contrapartida son las bellezas naturales de Venezuela, de Los Alpes, entre otros lugares paradisíacos. En sustancia, no hay nada. Salvo las ganas de perder tiempo en el cine para ver a un galán que necesita ir a una escuela de actuación en forma urgente.
Elsa Bragato
8 TIROS
De Bruno Hernández. Con Daniel Aráoz, Luis Ziembrowski, Leticia Bredice, Alberto Ajaka, Roly Serrano, Alejandro Fiore, María Nela Sinisterra, entre otros. Música de Scat music, Andrés ortega, Sergio Terebeiko, Iván Rusansky. Duración: 87 minutos. 2013.-
BUENA. POLICIAL UN TANTO FALLIDO
Es difícil calificar “8 Tiros” porque tiene momentos de excelente policial y, de cabo a rabo, la narración es impecable así como las actuaciones principales. El tema es el guión y lo que aparenta ser una producción con muy pocos recursos.
Daniel Aráoz realiza su segundo papel en cine y es innegablemente un sólido y creíble actor como Luis Ziembrowski: se produce un duelo actoral entre los dos que componen a dos hermanos, el regreso de uno de ellos luego de 7 años y un ajuste de cuentas entre maleantes pero, sobre todo, por acumulación de rencores.
El policial inicial, aunque lento, va por caminos seguros, intrigantes y buena dosis de suspenso. La cuestión se desmadra cuando aparece Roly Serrano en un prostíbulo regenteado por Leticia Bredice, de pálida actuación. Es en esta secuencia donde se ve la falta de producción o la escasez de inversión por las múltiples razones que se conocen en la industria nacional, detalle no menor que se repite con la representante de la DEA quien trabaja sola en un departamento. Es decir, la soledad de los personajes embarcados en responsabilidades extremas para las que se requieren oficinas y personal. Tampoco conforman las actuaciones del “Comisario” ni las chicas del prostíbulo que parecen surgidas de un ingenuo casting para publicidad gráfica sin relación con el trato de blancas. Ni queda resuelta dignamente la secuencia en la que “Juan” (Aráoz) va a la casa del personaje de Roly Serrano y descubre sus fechorías. Su esposa no reacciona. Queda en un dudoso segundo plano que se desvanece. Es decir, los graves temas de fondo no están ni rozados, solo mencionados (narcotráfico, trata de blancas), y el film solo tiene sentido en el odio de los dos hermanos, generado por un padre arbitrario y la muerte de una mascota.
Merece un párrafo aparte la banda sonora, especialmente en el comienzo, se recurrió a un cuarteto de cuerdas, sintetizadores, es decir, hubo un trabajo de producción interesante, así como un trabajo en el sonido de postproducción que destacamos.
Elsa Bragato









jueves, 7 de enero de 2016

SNOOPY, BRAD PITT, VINCENT LINDON, EN EL PRIMER JUEVES DEL AÑO



JUEVES 7 DE ENERO DEL 2016.-
Siete títulos se incorporan a la cartelera de cines del país. Entre ellos, la simpática versión de “Snoopy & Charlie Brown: Peanuts, la película”, de Steve Martino, tomando los personajes que, en 1950, creó Charles M. Schultz y luego de una larga charla con la familia del caricaturista. La pandilla “Peanuts”, tan querida por los episodios conocidos en televisión y en gráfica, acompañan a Snoopy y Charlie Brown en un simpático aprendizaje. Steve Martino es uno de los pioneros de la animación en computación por lo que el resultado es fantástico. Para los más chicos y… los grandes también.
Aparece el intenso drama social “Alias María”, de José Luis Rugeles, film colombiano que tuvo gran éxito en el Festival de Cannes, donde se relata la vida de una niña de 13 años, embarazada, que pertenece a la guerrilla y que es obligada a cuidar al hijo del comandante, a cuyo parte asiste. Ella también está embarazada y se niega a abortar. Está muy bien filmada y es una intensa historia que refleja el horror de vivir en guerra y el sometimiento de las mujeres, aún de las niñas, obligadas a servir a los guerrilleros y a cargar con fusiles. Finalmente está el excelente documental argentino “Bronces en Isla Verde” de Adriana Gurcovich, que nos muestra un festival de música con instrumentos de bronce en esa localidad cordobesa, cercana al límite con Santa Fe y con Santiago del Estero. El festival inicia, a fines de enero, su décima edición.
CAMINO A LA PAZ
Escrita y dirigida por Francisco Varone. Con Rodrigo de la Serna, Erneste Suárez, Elisa Carricajo, María Canales, entre otros. Música de Vox Dei. Duración: 94 minutos.
MUY BUENA. VIAJE HACIA LA ACEPTACIÓN
“Camino a la paz” es la ópera prima de Francisco Varone, quien llega a la pantalla grande con una “road movie” para relatarnos lo que ocurre dentro de un Peugeot 505 desde Buenos Aires a La Paz, en Bolivia. Son 3000 km de viaje, en un viejo auto que conduce “Sebastián” (Rodrigo de la Serna). Su compañero es un mendocino de ascendencia árabe, “Jalil”, interpretado por Ernesto Suárez, también concretando su debut en el cine. Como dato, Suárez tiene una exitora carrera de dirección en más de 50 obras en toda América Latina.
“Sebastián”, recién casado y sin dinero ni trabajo, acepta la propuesta del anciano “Jalil”, de 72 años, quien sufre insuficiencia renal y quiere reencontrarse con su hermano en La Paz. La convivencia en el automóvil no es cómoda al comienzo: hay roces, molestan las migas de comida, hay oraciones de Jalil, y la necesidad de parar continuamente por su problema renal. Por su parte, “Sebastián” tiene sus hábitos: fumar, poner muy fuerte la música de Vox Dei y celar por la pulcritud del vehículo.
La propuesta resulta atractiva y dinámica: se alternan diversas localidades habitadas por árabes, sus ceremonias religiosas, con fiestas. El estado de salud delicado de Jalil, la convivencia forzosa con un joven que es lo opuesto, dos perros rescatados, un hecho delictivo que se padece, el “naufragio” del auto en un arroyo, van conformando las personalidades y adecuándolas a una convivencia forzosa. Para ambos personajes, hay un aprendizaje inevitable: “Sebastián” siente un efecto liberador porque logra comprender el sufrimiento de “Jalil” y sus necesidades, mientras que éste aprende a entender que su obligado conductor es un joven con otras costumbres.
Tanto Rodrigo de la Serna como el “debutante” Ernesto Suárez se ponen al hombro los personajes, y los dotan de una gran humanidad, jugando un ajedrez vital para sobrevivir en la difícil empresa de andar juntos durante tantos kilómetros. La sensibilidad que trasunta el film de Varone es a flor de piel, conmueve con este viaje que nos habla, además, de la cultura de la aceptación, de la no exclusión, del respeto por el otro. Más que promisorio comienzo para el realizador Francisco Varone, basándose en una narración sin fisuras, en un dúo actoral sólido, y en una fotografía atractiva y diferente.
(NdeR: Rodrigo de la Serna realizó una road movie, Diarios de motocicleta, dirigida por Walter Salles, sobre el viaje del Che Guevara con su mejor amigo).
Carlos Pierre
RESURRECCIÓN
Guión y dirección de Gonzalo Calzada. Con Patricio Contreras, Martçin Slipak, Vando Villamil, Adrián Navarro, Ana Fontán, Lola Ahumada, entre otros. Música de Supercharango. Duración: 100 minutos.
BUENA. TERROR GÓTICO EN BUENOS AIRES
Gonzalo Calzada es un referente del género de Terror Gótico en nuestro país y prionero del relato fantástico desde los 90. “Resurrección” toma las bases del género indicado, con la singularidad de mezclar elementos clásicos como casas tenebrosas, intriga, muertes sospechosas y satanismo.
Ambientada durante la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871 (en 1980, filmaba, con el marco de la epidemia, Javier Torre junto a José Wilker y Graciela Borges), el film de Calzada abroda el tema del miedo a la muerte, de la incertidumbre atroz y fatal ante lo que puede ocurrir. Martín Slipak compone a un joven sacerdote que, impulsado por una visión mística (toma un crucifijo entre sus manos apretándolo hasta lastimarse), asiste a las víctimas de la terrible epidemia. Viaja kilómetros para llegar a Buenos Aires pero, antes, se detiene en la quinta de su familia, para ver a su hermano, su cuñada y su sobrina, también infectados. Mientras enfrentan la muerte, el casero (Patricio Contreras) se muestra enigmático, sin explicar su buen estado de salud.
Entre velas mortecinas, horribles muertes y vómitos de sangre, para recordarnos que estamos en un film de terror gótico y gore, solo queda la posibilidad de un curandero (Vando Villamil), al que el sacerdote recurre. Los payés de la tradición litoraleña se funden en este pedido desesperado de curación.
Calzada maneja con precisión el misticismo y el curanderismo manteniéndose en los postulados elegidos por lo que predominan el suspenso, la ambientación encantada y los golpes de terror. Un notable staff técnico y artístico apoyó este film, creando una atmósfera asfixiante y nihilista a lo largo de los 100 minutos. Resulta un producto cautivante para los amantes del terror gótico con el buen sello de lo argentino.
Carlos Pierre
LA GRAN APUESTA
De Adam McKay. Con Christian Bale, Ryan Gosling, Steve Carell, Brad Pitt, Marisa Tomei, Melissa Leo, Selena Gómez, entre otros. Música de Nicholas Britell. Duración: 130 minutos.
MUY BUENA. K.O. A WALL STREET Y LA BANCA
Sobre Wall Street se ha filmado mucho. La película más reciente es “El lobo de Wall Street”, de Martin Scorsese, del 2013, con Leonardo Di Caprio en un gran trabajo. Sin la ampulosidad ni los excesos del personaje de ese film, Adam McKay logra una comedia negra o tragedia cómica sobre la explosión de la burbuja financiera del 2008 en los Estados Unidos con consecuencias en todo el mundo. Cuatro hombres fuera de Wall Street pero ligados al mundo de la Bolsa, emprenden una riesgosa iniciativa de apuestas. “Michael Barry” (Christian Bale) descubre que, en la depresión de 1930, que se extendió hasta 1933 inclusive, una de las características fue el bajo interés de las hipotecas bancarias y los préstamos continuos a ciudadanos sin solvencia económica. Entonces, decide apostar a esta gente, reunidas en “bonos tóxicos”, o sea el conjunto de bonos de los no pagadores, a través de un seguro multimillonario del que el Deutsche Bank se ríe pero acepta: “Somos Wall Street, si quiere dejarnos dinero, lo aceptamos”. El espectador se encuentra con un vocabulario desconocido: swaps, por ejemplo, con “inserts” donde una Selena Gómez o una rubia en una bañera con espuma nos explican de qué va siendo tanto lenguaje exótico para los legos en economía.
Otros financistas fuera del centro de Wall Street, reales “outsiders”, siguen este loco ejemplo, mientras piden ayuda a “Ben Ricker” (Brad Pitt), quien abandonó el centro de New York para radicarse en Los Angeles. El secreto de esos “bonos tóxicos” es que ningún banquero los revisó. La gente incluida allí nunca iba a pagar el crédito o la hipoteca porque o no tenían trabajo o se retrasaban. Todos eran créditos con bajísimo interés no redituables para los bancos durante décadas. Y se pueden vender a mexicanos incautos…
El film está exento de glamour: solo largos diálogos entre estos “outsiders” de las finanzas, y en ello reside el interés atrapante del film: en esas charlas que grandes actores como Christian Bale y Steve Carell manejan con enorme autoridad actoral. McKay mueve la cámara de manera tal que el clima claustrofóbico (oficinas, bares, restoranes) se torna atrapante entre primeros planos y tomas rápidas y precisas. Es necesario esforzarse para entender las complicadas maniobras bancarias, y es lo que fascina y atrae, sin panoramas turísticos de New York. La única excentricidad pertenece a “Michael Burry” (Christian Bale), quien no deja de tocar la batería en su oficina.
El título inglés es “The big short”, exactamente “el gran corto”, significó la apuesta a los que no pagaban, los “cortos”, o sea a las acciones que no iban a dejar rédito alguno. Fue el beneficio de unos pocos en medio de la eclosión de Wall Street: si una stripper tenía una casa, un departamento y acciones, ganando muy poco, algo estaba pasando… Créditos sobre créditos.
Más que interesante propuesta de McKay que, lejos de ser ardua aunque nos exija cierto esfuerzo intelectual, atrapa, fascina. Ni las severas matemáticas ni las sucias maniobras financieras logran aburrir cuando están en manos de grandes actores y un realizador avezado.
Elsa Bragato
EL PRECIO DE UN HOMBRE
Guión y dirección de Stephane Brizé. Con Vincent Lindon, Ives Ory, Karine de Mirbeck, Thieu Schaller, entre otros. Duración: 94 minutos.
MUY BUENA. LA EDUCADA VIOLENCIA EMPRESARIAL
“Thierry”, desempleado durante más de un año, es el protagonista de esta historia con sesgos sociopolíticos muy claros que responden plenamente al título original, “La loi du Marché” (La ley del mercado). Vincent Lindon, quien ganó el premio como mejor actor en el último festival de Cannes, encarna a este cincuentón que debe mantener a su mujer y su hijo. El presente es angustiante y ya no le quedan ahorros. Buscar trabajo a los 50 es tan difícil en Europa como aquí: existe una declarada violencia empresarial que se ejerce con “educada cohesión” a través de tests, por ejemplo. Poner a prueba al empleado, una constante social que se acrecienta en el mundo. Finalmente, “Thierry” logra ser vigilador de un supermercado, enfrentándose a otro submundo: los robos subrepticios de clientes y empleados, delitos menores que ponen a prueba su integridad moral. Un hecho trágico en ese lugar le da un giro a la historia.
El tono menor de Stephane Brizé es un tanto exagerado y lento pero tiene relación directa con la soledad del “Thierry” dentro de una sociedad impiadosa. Su furia es contenida y así es la narración de Brizé. Las leyes laborales aplastan su angustia y su íntima rebelión. Los dueños y accionistas están detrás de los réditos de las inversiones a costa de lo que fuere, del precio de una vida o del honor de un empleado.
Stéphane Brizé y Vincent Lindon se conocen muy bien, ambos son directores y actores, por lo que hay profundos vasos comunicantes entre lo que Brizé desea expresar y aquello que Lindon refleja en su rostro. Es un film silencioso y punzante, lento y profundo, que va desde los valores del ser humano hasta las leyes laborales que lo deshumanizan. Para ver y pensar.
Carlos Pierre